El día de hoy ha comenzado algo más temprano de lo habitual. El desayuno se ha servido a las 8 para poder salir a las ocho y media en dirección hacia el oeste. Nos dirigimos a la cueva de “El Soplao” que es una formación geológica de origen kárstico descubierta por casualidad mientras se construía una nueva galería minera. La cueva resulta singular por sus blancas formaciones de caliza y por sus estalactitas excéntricas muy abundantes. También tuvimos un taller de reconocimiento de minerales que resultó muy interesante. A media mañana pudimos disfrutar de un bocadillo y de jamón acompañado de un riquísimo “pero”, frente a un precioso valle de montaña con los Picos de Europa al fondo, entre los que destacaba el famosos Naranjo de Bulnes.

Nos desplazamos a la próxima localidad de Cades en la que se encuentra la Ferrería, una antigua industria de obtención de lingotes de hierro del siglo XVIII, que ha sido restaurada con la maquinaria original y que funciona empujada por el movimiento del agua. La ferrería constaba de varias dependencias de almacenaje, el depósito de agua y la maquinaria que funcionaba de forma independiente en dos salas: la sala de los barquines o fuelles y la sala del mazo. Las explicaciones de Rebeca y un bonito audiovisual, dieron paso a Ricardo quien puso en marcha la maquinaria y nos hizo una demostración de cómo se podía trabajar el hierro al rojo vivo con el gigantesco mazo (de casi una tonelada).

Comimos a mediodía en un restaurante de la localidad de Santillana del Mar, regentado por la familia del famoso ciclista de la ONCE, Díaz Zabala. La comida estuvo bastante bien y dio paso a la visita de la tarde en el Museo de Altamira. Divididos en dos grupos pudimos admirar las espectaculares pinturas rupestres reproducidas fielmente del original en la neocueva. Alfredo, joven gallego restaurador del museo, nos deleitó con un taller de reproducción de piezas arqueológicas con moldes y diferentes técnicas de vaciado.

Terminamos la jornada con un paseo por la localidad de Santillana del Mar admirando sus calles y construcciones medievales, como la Colegiata o el Parador. Regresamos a la residencia de Viérnoles con el tiempo justo para la cena y realizar una breve actividad de síntesis.

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