APRENDIENDO LAS TEORÍAS DE EPICURO, SÓCRATES, KANT, etc

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APRENDIENDO LAS TEORÍAS DE EPICURO, SÓCRATES, KANT, etc

Los alumnos de primero de Bachillerato han realizado unos escritos literarios en los que han tenido que crear una historia de ficción, usando alguna de las teorías éticas explicadas en clase (estoicismo, epicureísmo, ética kantiana, etc). Se han usado unos dados con imágenes, seis en concreto, que cada alumno tiraba al azar;  cada uno de ellos tenía que crear una historia usando las imágenes de los dados y con el trasfondo ético de las teorías de Epicuro, Sócrates, Kant, etc. Espero que disfruten la selección de los mejores textos:

EL EUDEMONISMO ARISTOTÉLICO.

Manuel es un joven de 20 años que acaba de comenzar a estudiar Derecho en la universidad. Es un chico normal, con una novia de su edad, a la que ha conocido hace relativamente poco, no es de malas notas, pero tampoco saca sobresalientes, por lo que se esfuerza lo suficiente como para mantenerse en su línea, pero tampoco estudia de forma tediosa.

Vive en un piso compartido en el que se lleva bien con sus compañeros, pero de una forma distante. En su tiempo libre se dedica a salir por la ciudad, con sus amigos o con su novia, utiliza el móvil, lee, ve series y películas, hace actividades en familia durante los fines de semana, etc. Lleva una vida y una rutina normal, pero va madurando y cambiando, se empieza a independizar sentimentalmente de sus padres (los ve cada vez más mayores y puede mantener conversaciones más profundas que antaño), también empieza a reflexionar sobre su vida, ya ha decidido que estudiar, pero aún no sabe que lo que desea hacer ni lo que le deparará el futuro, lo que le inquieta.

Ahora mismo, se está haciendo una cena rápida y vulgar, una hamburguesa barata del supermercado con un refresco. Se sienta en la mesa del salón cercana al balcón y observa las fachadas y los pequeños pájaros que pasan por el cielo, aunque sin verlos, pues está atrapado en sus pensamientos. Se está preguntando si es feliz, y qué es realmente la felicidad y qué hacer para obtenerla. Ahora mismo, esto es lo que se le está pasando por la cabeza mientras el pan de la hamburguesa se le queda pegado en el cielo de la boca:

“No soy un infeliz, pero aún no se con exactitud qué es la felicidad y qué hacer para obtenerla. El vicio sin embargo sí sé lo que es y cómo obtenerlo, es mucho más fácil de conseguir, pues crea adicción y, al ser un negocio (normalmente) es relativamente fácil recurrir a él (en forma de casino, móvil, drogas, consola, etc) y en ocasiones, nos aleja de nuestra familia o de situaciones que nos harían sentir más felices que realizar cualquiera de esos vicios.

También hay que diferenciar entre comodidad y entre felicidad. La mayoría de las veces, la felicidad es incómoda, pues en tu sofá viendo la tele o haciendo otras cosas, no la vas a encontrar, sin embargo, invertimos mucho tiempo y esfuerzos en tener una gran televisión con un gran sofá, y con canales de pago, entre otras cosas… Lo positivo de esta comodidad es que nos permite desestresarnos (siempre y cuando no sea excesiva), pero “en grandes cantidades” te hace sedentario e incapaz de salir de la “zona de confort” (que no es más que otro vicio).

Pero, ¿qué es la felicidad?, ¿cualquier buen estado de ánimo?, ¿es el éxito?, ¿es la superación?, ¿es la riqueza?, ¿es un bonito recuerdo?… Creo que sí, pero no siempre, pues hay más situaciones complejas y sensaciones que nos aportan felicidad.

-¡Mierda!- exclamó Manuel al morderse la lengua.

Juanjo, uno de sus compañeros de piso, acababa de entrar al salón y lo miraba incrédulo al ver su reacción.

-Perdón, tío, es que me he mordido la lengua- dijo Manuel muy avergonzado.

-Nada, nada, Manu, pensaba que te había pasado algo- y Juanjo volvió a su cuarto.

Manuel seguía estando rojo de la vergüenza, pero prosiguió con sus pensamientos:

¿Qué hay que hacer y cómo hay que actuar para alcanzar la felicidad? – se volvió a preguntar Manuel para no olvidar sus ideas- No lo sé con exactitud, pero lo que sí sé es que la cultura, el cine, la publicidad, (y otras muchas cosas) nos dicen qué debemos hacer y cómo debemos actuar para ser felices (no directamente, aunque a veces sí). Los anuncios en concreto, nos prometen felicidad, poder, placer, etc, eso sí, si consumimos el producto o el servicio que nos muestran. Incitándonos a no rechazar nuestros impulsos y deseos, minando nuestra fuerza de voluntad en ciertos aspectos…

Por regla general, a lo largo de nuestra vida, nos esforzamos por obtener buenos sueldos, por sorprender a la gente, por ser famosos e importantes, por conseguir poder, etc (aunque no todo el mundo tiene estas ambiciones, cada persona, con sus matices, tiene todas o alguna de estas, entre otras). Es decir, el objetivo final de TODO  lo que hacemos es obtener la felicidad (con mayor o menor éxito), o sufrir lo menos posible; cuando damos o regalamos algo sin esperar nada a cambio, lo hacemos porque eso nos llena por dentro, nos hace sentir que no somos egoístas o que somos buenos, si no fuera así, o si no nos aportara otra cosa positiva, no lo haríamos o nonos gustaría hacerlo. Cuando buscamos tener hijos, lo hacemos buscando la felicidad o el sentido que ello le da a nuestra vida, si fuera al contrario, tendríamos que ser obligados o presionados a tenerlos.

Es cierto, que en muchas  ocasiones, encontramos felicidad en la felicidad de los demás (normalmente, en alguien a quien estamos muy unidos) y estamos dispuestos a proteger, a sufrir, o a sacrificarnos con tal de preservar el bienestar de dicha persona, pero esto se debe a que estamos resguardando una ” fuente de felicidad”, que en caso de ser perdida, le restaría sentido y felicidad a NUESTRA vida. Un claro ejemplo de esto es la paternidad (como he pensado recientemente): hay padres que realmente no quieren a sus hijos, porque no encuentran felicidad en el hecho de ser padres, por lo que los tratan mal, no les prestan suficiente atención, no cubren todas sus necesidades, les muestran su rechazo, etc. Aun así, estos padres están convencidos de que aman a sus hijos y de que se preocupan por ellos, pues la sociedad y la cultura les muestran, que siendo así, obtendrán emociones positivas (en su mayoría). También ocurre todo lo contrario; padres que obtienen la felicidad cuidando excesivamente a sus hijos, que no les importa el futuro de estos (pues al facilitarles la vida de esa forma, los hacen plenamente dependientes e incapaces de desenvolverse). Es decir, no encuentran la felicidad en educar adecuadamente a sus hijos.

Hay una cosa que es distinta, que nos aporta otro tipo de felicidad -pensó Manuel repentinamente- el estudio y la búsqueda del conocimiento; es cierto que estudiamos para ganar calidad de vida en un futuro, pero tiene más utilidades… Hay un famoso dilema que defiende que somos más felices cuanto más ignorantes somos y que obtenemos mayor infelicidad cuanto más conscientes e inteligentes somos , pues bien, este dilema es comparable a la sensibilidad del cuerpo: cuanto más sensible es un cuerpo, más puede llegar a sufrir este, pues sus nervios pueden llegar a recoger una gran cantidad de información que se transformará en dolor, sin embargo, si nuestros nervios no recogiesen información o apenas lo hiciesen, no sabríamos si nos hemos partido un tobillo, si nos estamos quemando… Es decir, estaríamos abocados a la destrucción.

A pesar de no ser alguien muy culto o excesivamente intelectual, me doy cuenta de que cuantos más conocimientos obtengo tomo más conciencia de lo que ocurre a mi alrededor (o no necesariamente). Ello conlleva dilemas que no sé responder, sufrimiento (no siempre), un gran peso (pues tengo que cargar con las consecuencias de mis decisiones), etc.

Me pregunto cómo serían nuestras vidas si no hubiéramos tenido curiosidad, si no se hubiese desarrollado el conocimiento en todos sus ámbitos (ciencias, antropología, filosofía, matemática, literatura, el estudio de las artes, etc).”

De repente, Manuel se dio cuenta de que hacía veinte minutos que había acabado de comer, así que dejó de mirar fijamente el cuadro que había al lado de la ventana, recogió la mesa, lavó los platos y se fue a su cuarto a pasar los apuntes a limpio. Una vez allí, cogió su lápiz y comenzó su tarea. Empezó a copiar las cosas sin pensar en ellas, pues seguía dándole vueltas a los pensamientos que había tenido previamente.

La historia es la huella del pasado, nos permite entender el presente y “predecir” el futuro, y esta me indica que la curiosidad del ser humano es su mejor baza, pues supone la búsqueda del conocimiento, y a lo largo de los siglos, nuestras vidas han mejorado en muchos aspectos gracias al mismo.

Hay mucha gente que se escandaliza si le dices que el estudio te aporta emociones positivas, por supuesto, no siento euforia al ampliar mis conocimientos, de hecho soy muy “perro” a la hora de ponerme a memorizar (que no es aprender y es más tedioso y aburrido), pero mi interés se dispara (especialmente) en clases con buenos profesores o con asignaturas que merecen la pena. Por ejemplo, leer un buen libro no tiene nada que ver con salir de fiesta (teniendo en cuenta que cada cosa aporta un tipo de felicidad, dependiendo de la persona).

Manuel volvió a preguntarse qué emociones y cosas aportaban la felicidad (de nuevo). Por lo que sé, y por mi experiencia propia, la felicidad la aporta la unión positiva con alguien, la música, la buena literatura, el placer, la ilusión, el optimismo, la superación, el éxito en algo por lo que se ha luchado… podría tirarme madia hora diciendo cosas como estas, pero paso.

El caso es que hay muchas cosas que turbarán nuestra felicidad y que no podremos controlar. La felicidad absoluta es una utopía, pero no por ello debemos ser pesimistas o limitarnos a actuar según la opinión del grupo. Debemos escucharnos y hacer lo que nos llene (siempre y cuando no sea perjudicial a rasgos generales) sin importar si es políticamente correcto o no.

Por lo que he aprendido, el conocimiento es lo que nos diferencia del resto de animales, a diferencia del sexo y otros placeres (aunque no por ello hay que rechazarlos). Por eso, hay que buscar un equilibrio, pues debemos entender lo que nos rodea, para lidiar con problemas, para defendernos, para mejorar nuestra vida para no ser manipulados y tener voluntad propia (aun así es muy difícil no ser influido por alguien más inteligente), etc. Aunque no debemos olvidar que somos de carne y hueso.

Manuel había terminado de pasar sus apuntes a limpio, ya eran las dos de la madrugada; alarmado por lo tarde que había acabado, recogió las cosas, puso la alarma y se acostó. Mañana estaría reventado, pues tenía que madrugar e iba a dormir sólo cinco horas. Siguió pensando de forma desordenada y reflexiva como ya lo había hecho antes, pero el sueño pudo con él.

Rafael Porras. 1º Bachillerato C.

HEDONISMO.

Era un día lluvioso de invierno y decidí irme temprano a dormir, estaba realmente cansado, y mis ojos fueron se fueron cerrando lentamente. De repente me encontraba en un bosque, debajo de un gran pino. A lo lejos veía como se acercaba una muchacha morena, y mi corazón notaba mi nerviosismo. Se paró frente a mí, y me hizo un gesto con la mano para que la siguiera, y yo lo hice sin preguntar nada. Mientras andábamos aquella muchacha me dijo que a lo largo de aquel camino se me presentarían distintas situaciones y según qué eligiera y de qué manera, llegaría a ser feliz o no.

Cuando me di cuenta nos encontrábamos cerca de un arroyo, entonces decidí beber, pues estaba verdaderamente sediento. Tras esto me sentí bastante reconfortado y el caminar se me hizo más llevadero. Diez minutos después, la muchacha que iba caminando conmigo desapareció dejando sus huellas junto a mí. Yo me encontraba frente a dos caminos; por uno llegaría antes, pues corto pero debía ir agachado porque era un túnel, esto me podría causar un gran dolor de espalda; entonces decidí coger el otro, que aunque era mucho más largo iría a caballo y no sentiría molestia alguna. Ya cabalgando vi un tenderete en el que había gran variedad de platos y alimentos, y me acerqué. La dueña me dijo que podría elegir lo que quisiera y me ofreció una gran tarta de chocolate. Yo pensaba aceptarla, pero vi tras ella un par de manzanas y pensé, ¿por qué no elegir estas, en vez de la tarta sólo porque sea un manjar? Además la tarta podría darme sed, y en el puesto no había agua, así que hice lo siguiente: me comí un trocito de tarta para saciar mi deseo pero me llevé las manzanas. Al mismo tiempo que las comía pensaba… ¿Habré elegido bien? ¿Será esto, saber medir tus deseos, la forma de llegar a la felicidad? Yo creía que sí, ya que me sentía bastante reconfortado con mi mezcla…

De repente un gato se cruzó en mi camino apartándome de mis pensamientos y haciéndome dar cuenta del maravilloso paisaje a mi alrededor. Durante quince minutos estuve deleitándome observándolo. Había un gran lago de agua cristalina que dejaba ver los peces de colores que nadaban de aquí para allá; alrededor de este una gran llanura verde llena de flores de colores, éstas, a su vez, rodeadas de abejas que recolectaban el néctar; y a lo lejos, se veían las altas montañas que formaban una hermosa cordillera.

Entonces vi una gran ciudad con un enorme castillo a lo lejos y me dirigí hacia allí. Cuando me disponía a entrar en ella vi entre los matorrales como un hombre corpulento de mal aspecto llevaba un enorme maletín y a una joven atada montada en un caballo. Me quedé unos minutos pensando qué debía hacer, ya que era arriesgado, pero decidí socorrerla y aparecí por sorpresa dándole un gran golpe en la cabeza al hombre, que lo dejaría inconsciente. Rápidamente desaté a la joven y nos dirigimos al pueblo llevándonos el maletín con nosotros y dejando inmovilizado al criminal. La joven se trataba de la hija de un importante mercader al que aquel desgraciado había intentado robar sus ahorros, ella lo descubrió y por esa razón la llevo consigo. Ambos nos gustamos, lo noté. Al llegar al pueblo y saber la gente lo ocurrido, me calificaron del héroe del lugar. Yo ante esto, me cegué y no fui capaz de rechazar la fama, el trato de favor, el hecho de dejarme vivir en el castillo junto a Marina, que así se llamaba la joven. Durante un tiempo me sentí en una nube, pero a medida que pasaban los meses, ya no estaba conforme con esto, me parecían pocas las ofrendas de los ciudadanos, y quería más y más…empecé a sentirme insatisfecho. Fue entonces cuando recordé a la muchacha del principio de nuevo, y comprendí que me había equivocado al elegir, ya que no había conseguido controlar mis deseos, sabiendo cuales eran necesarios y cuáles no. No había encontrado el término medio, es decir la felicidad.

De repente abrí los ojos, me había despertado la voz de mi madre diciendo ¡Guille, vas a llegar tarde al instituto!

Adriana Sánchez Rodríguez 1º Bachillerato C.

EL GLOBO (ESTOICISMO).

Era un esplendoroso día primaveral. El sol, testigo de miles de sonrisas y abrumado por el perfume de las flores, mostraba su deleite derramando cálidos rayos de sol sobre la cabeza de quien saliese a la calle, con suave encanto. Además, soplaba una brisa que parecía transportar con ella, al acariciar la piel de los transeúntes, los pétalos de cada flor brotada recientemente. Un día increíble para escapar de entre las cómodas paredes de casa. Un día magnífico para los acostumbrados paseos en globo de Darío y su nieto, Rubén. Ambos, conocidos en el pueblo por tan cada vez más rara afición, surcaban el cielo a menudo -siempre que el tiempo se lo permitía-en su antiguo globo aerostático, perteneciente al abuelo desde su juventud. Este centelleaba cual manzana carmesí a su vuelo sobre el pueblo, haciendo de su viaje una estampa muy bella para los pueblerinos, gratamente habituados a ella. Y aquel día tenía todos los requisitos para ser uno en el que recrear aquella imagen.

Tras realizar todos los preparativos para su despegue, el globo ascendía cada vez más alto. Darío, portando su viejo sombrero compañero, era un experto y toda su vida había estado vinculado al globo. Rubén, de casi veinte años, poseía las nociones más básicas y se mostraba alegre y animado para aprender de su abuelo.

Anonadado, sus pensamientos fueron azorados por las vistas: cientos de campos de trigo y un bosque cercano al pueblo, un mar verde, tan diminutos en aquellos momentos bajo sus pies.

Pasados veinte minutos, a pesar de la calma que siempre teñía el rostro del anciano, Rubén advirtió cierta preocupación en él al ser sacudidos por una bocanada de aire. Y solo en cuestión de segundos, el cielo pasó de ser un escenario de idílico azul a un vertiginoso infierno. Muchas rachas de aire desembocado los sorprendieron, y a pesar de los intentos de Darío por estabilizarse, el bravío indomable del viento los llevaría a un trágico desenlace.

Se encontraban cerca del bosque, y el globo se direccionó hacia un gran árbol, contra el que los precipitó. El impacto duró apenas milésimas de segundo. Darío notó un chasquido en el cuello. Una fractura en sus vértebras, quizá, además de fuertes golpes en la sien. Una brecha sangrante se abrió paso a lo largo de su cabeza, cruzando las arrugas de su frente pero sin alcanzar una gran longitud. Rubén había tenido más suerte: solo su cabeza y costillas quedaron dañadas, sin aparente gravedad.

El joven tardó unos segundos en tomar conciencia de la situación, percatándose de que habían quedado colgados del árbol, con la válvula llameante peligrosamente cerca de las hojas y la malla del árbol. Miró a su abuelo, que afortunadamente no había salido despedido del globo tampoco, aunque se encontraba inconsciente. De repente, la rama de la que pendían acabó por romperse y cayeron, aún dentro de la cesta, al suelo, siendo amortiguados por esta misma y los arbustos de abajo. No obstante, el resto del globo quedó atrás, aún entrelazado por el árbol.

Rubén tomó a su abuelo entre brazos e intentó despertarlo, pero no obtuvo respuesta. Tras unos minutos de incertidumbre, el anciano abrió los ojos. Entonces, la terrible noticia los azotó con brutal malicia: Darío no sentía ninguna parte de su cuerpo, salvo la cabeza. Las sospechas afloraron en ambos, ¿se habría quedado parapléjico? mas no podían saberlo con certeza. Rubén, en sus pensamientos, tenía una visión mucho más optimista del futuro, mientras que Darío era consciente de su accidente. Había perdido la conexión por completo con el resto del cuerpo.

El árbol, minutos después, había comenzado a arder. Se alejaron un poco. <<Está ardiendo, así que pronto vendrán a por ti. Verán las llamas. No debes preocuparte.>> dijo el abuelo a su nieto. Una sonrisa emergió en su rostro.

Rubén rajó y colocó parte de su ropa sobre la herida de Darío, aunque esta rezumaba sangre a borbotones. Sintió más débil y pálido al anciano, quien había dejado de hablar. Por ello, rebuscó en su mochila, hallando un mero zumo que había echado antes del viaje como tentempié, por si la sed o el hambre acudían a él durante el paseo. Esta bebida podría aportar azúcar y energía a Darío, pensó Rubén, y se dispuso a entregárselo. Pero Darío no lo permitió, aún consciente. <<Resérvalo para ti. Pueden tardar horas en venir, y quiero que tengas fuerzas y seguridad. Yo, poco puedo hacer…>> Ignorando las réplicas del joven, el mayor prosiguió en su discurso: <<Rubén, yo ya soy viejo, muy viejo. Lo he hecho todo en esta vida; quizá el destino haya elegido para mí este final, aquí, entre tus brazos, mi querido nieto, y junto a mi desvaneciente globo. Me he dedicado a él durante toda mi vida. Además, creo que he perdido la movilidad completa en todo mi cuerpo. Mírame, y por favor no sientas lástima; no puedo moverme. No me permitiría ser una carga para vosotros. No debes preocuparte, Rubén, por favor. No hay motivos para sentir lástima. Sé que el destino ha firmado hoy mi sentencia final. Así es la vida. Somos seres mortales, con una cuenta atrás sellada en el firmamento desde que nacemos, que avanza cada día que pasa. ¡Y estoy tan alegre de que la mía haya sido tan larga! Lo importante es tener conocimiento de ello, aceptarlo y aprovechar al máximo. Y yo lo he hecho. ¿Qué más me queda? Tuve descendencia, una bonita familia, y surqué cada horizonte que se anteponía a mí con mi dulce globo, hallando bonitos lugares y aventuras. No queda nada por descubrir para un viejo como yo. Y no me importa. >> Darío había mirado a Rubén durante absolutamente todo su soliloquio, plagado de total ternura, cosa que el joven no lograba comprender. Estaba calmado, sosegado, y si había en él cualquier atisbo de miedo, lo dominaba y controlaba con suma facilidad. Se mantuvo estoico hasta su encuentro con la muerte.

No fueron suficientes los esfuerzos de Rubén por hacer cambiar de opinión al anciano, quien residió firme en su pensamiento hasta morir. Darío confió ciegamente en el destino. Afrontó aquellos momentos de dificultad con firmeza y paz, mas no era suficiente para su nieto, quien, tras aquel día, sentía que podría haber evitado su fallecimiento, que su propio abuelo podría haberse salvado. El joven sabía que no existe ningún tipo de destino; que el camino lo trazamos nosotros. Pero admiraba la disciplina y fortaleza de Darío, y siguió haciéndolo el resto de su vida, a pesar de haber gritado tantas veces que <<todo había sido una mierda>>. Había llorado hasta quedarse sin lágrimas y mantenido en su regazo el sombrero del anciano, el cual encontró a unos metros del lugar del accidente, tras ser rescatado. Nunca olvidaría lo ocurrido, y mucho menos, las fuerzas para luchar contra el “destino.”

Claudia Callejón. 1º Bachillerato C.

KANT CONTRA EL ACOSO ESCOLAR.

Juan era un niño muy travieso, egoísta, se dedicaba a insultar y ridiculizar a sus compañeros, les hacía la vida imposible y les obligaba a hacer actos en contra de su voluntad. Todo el mundo (niños, profesores, padres, vecinos…) sufrían y eran afectados por la actitud de Juan. Los amigos que tenía lo eran porque este les obligaba a serlo, por lo que Juan se apoyaba en su perro como fiel compañero a la vez que lo utilizaba para cometer travesuras.

Un día lluvioso de verano Juan iba en su bicicleta a una velocidad muy elevada ya que acaba de robar un reloj muy valioso a un niño de su clase. Para esconderse, se metió en un parque lleno de árboles. Pero lo que no sabía es que sus compañeros le habían tendido una trampa y habían puesto obstáculos en su camino para que Juan aprendiese una lección. Al entrar en el parque observó que había unas huellas en el suelo idénticas a las que su perro dejaba. Extrañado, comenzó a seguirlas pensando en que su perro podría haberse escapado. De pronto, se dio cuenta de que las huellas iban desapareciendo y a lo lejos observó que estaban todos sus compañeros de clase alrededor de su perro maltratándole y haciéndole sufrir.

                        Sin pensarlo dos veces, Juan aceleró para llegar al lugar donde su perro estaba siendo golpeado y así poder rescatarlo. Sin embargo, no se dio cuenta de que había una cáscara de plátano por lo que se cayó y se hizo daño. Pero Juan se levantó rápidamente y corrió hacia su perro sollozando. Antes de devolverle el perro, sus compañeros le dijeron: “El perro nos representa a cada uno de nosotros cada vez que nos maltratas, nosotros representamos a aquellas personas que obligas a hacer daño en contra de su voluntad, pues no es nuestra intención sacrificar a un pobre animal. Finalmente, tú representas a nuestros padres y profesores que sufren al no poder hacer nada al respecto y son testigos del daño que nos haces”.

Juan entonces se dio cuenta del daño que había hecho y arrepentido, pidió perdón. Así, nunca más volvió a acosar a ningún compañero, convirtiéndose en un niño de buen corazón.

Por tanto se puede concluir que aunque la acción que los compañeros de Juan hicieron no fue buena, logró conseguir el bien para todos: Juan no volvió a acosar a nadie y sus compañeros, padres y profesores dejaron de sufrir. También se podría decir que lo que hace buena una conducta no es la conducta misma, sino la intención con la que la realizamos. Al maltratar al perro de Juan se estaba cometiendo una mala conducta pero la intención con la que se realizó era para que Juan dejase de hacer el mal.

Cecilia Ros Trujillo 1º Bachillerato D

By |2018-06-21T18:56:05+00:00jueves, 21 de junio de 2018|Actividades, Alumnado, Filosofía, General|0 Comments

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